Amondarain (@vascoamonda en redes) reafirma su intima convicción de que el peronismo no tiene reversa, intentará como ha hecho siempre atrapar el futuro, y explicita su convencimiento de que NO va a regresar a algo “parecido a lo que hemos sido en el pasado”.
Lo invitamos cordialmente a leer una muy buena entrevista de Agustin Cesio y Diego Sanchez a Juan Amondarain.
La Teoria del Peronismo Racional
En una biblioteca todavía rala por una mudanza en progreso, Juan José Amondarain exhibe un retrato de Charles Darwin. En ese mismo anaquel hay solo tres libros: de izquierda a derecha, La nueva Rusia de Peter Pomerantsev, El fin del “homo sovieticus” de Sverlana Aleksiévich y Octubre, la historia de la Revolución Rusa en versión de China Mieville. La configuración es extraña. ¿Acaso Darwin está colocado ahí para cerrar una suerte de evolución inversa del sueño rojo? Tras más de una hora de charla con Bunker, lo máximo que puede decirse es que a Amondarain no parece interesarle tanto la nostalgia del socialismo soviético como la cadena de acontecimientos que propició la muerte y transfiguración de esa versión transiberiana del “Partido del Poder”.
@VascoAmonda, quien es actualmente una pieza clave del círculo aúlico de Sergio Tomás Massa, se sienta a la mesa y, como si estuviera bocetando su propio Octubre –o una suerte de La Nueva Argentina–, trae ese mismo interés a este lado del mundo. Habla del peronismo como un “Partido del Poder” en crisis y hasta postula una teoría personal de su evolución: un organismo nacido como utopía laborista en los 40 que, gracias a su capacidad para captar el “perfume de la época”, supo ensayar un viraje al capitalismo rooseveltiano en los 50 para pasar luego del tercermundismo a la socialdemocracia y del neoliberalismo a la normalidad duhaldo-nestorista, hasta que las esquirlas venenosas de 2001 y la mutación tardokirchnerista, primero, y la lluvia de meteoritos cambiemitas de 2015, después, lo arrojaron a este presente oscilante donde no sabe si entregarse a las brumas de la extinción o a la lucha por ver cuál de todas sus fracciones internas es más fuerte y sobrevive.
En medio de un peronismo adhesivo que enarbola el hashtag de la unidad y otro peronismo kantiano que clama para sí el valor opaco de la “racionalidad”, en medio de las peleas intestinas por definir el manejo de esa cáscara llamada Partido Justicialista, la teoría de Amondarain es un posible ensayo de interpretación: sirve para acercarse al pensamiento y la estrategia de ese conglomerado de senadores, gobernadores y dirigentes que hoy se autoproclaman el “peronismo racional” y que acaba de tener su bautismo gris en la misma Gualeguaychú que, tres años atrás, confirmó el abrazo del radicalismo con su viejo adversario macrista. Pero sirve también para trazar la línea de tiempo y las contradicciones de un peronismo que, por primera vez, parece un animal minúsculo e indefenso en la selva del poder político argentino.
Viviste derrotas del peronismo y fuiste en dos ocasiones un “renovador”. Con las derrotas del ‘83 y de 2015 lo particular fue que se abrió, en ambos períodos, una discusión respecto de si había llegado el fin del peronismo o, al menos, el inicio de una transmutación identitaria. ¿Es parecida esta derrota a la anterior o tiene características distintas?
Siempre entendí al peronismo como un partido de poder. Se armó así en los 40, en paralelo a otras manifestaciones similares como el APRA en Perú, el varguismo en Brasil o el PRI en México. ¿Qué son los partidos de poder? Aquellos que entienden que la política es global y hacen mejor el curso de adaptación a lo que algunos llaman el “perfume de la época”. En el ‘45, Perón visualizó que ese perfume, tras la Segunda Guerra Mundial, tenía que ver con la re-emergencia de Inglaterra y el triunfo del laborismo, el desarrollo del estado de bienestar, las leyes laborales, la alianza político-sindical, y Perón va a hacia ese rumbo, aunque por su formación, quizás, hubiese ido para otro lado si asumía cinco o seis años antes.
¿O sea que el peronismo es una lectura de la época, una suerte de adaptación al medio?
Los partidos de poder son una lectura de la época…
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