¿Porque perdimos en casi todo el país y porque perdimos provincias nuestras (como Jujuy)? se pregunta el peronismo. El origen del cáncer que fulminó la hegemonía parece haber partido de errores estratégicos en la provincia de Buenos Aires. En no haber puesto un candidato con una potencia electoral capaz de definir el match de un solo trompis o en haber puesto uno (Anibal Fernandez) que no podía ser votado por un volumen considerable de electores.
Por eso, tal vez, una parte del peronismo acepta mansamente la invitación que hizo Cambiemos de librar allí (en la populosa Buenos Aires) la batalla principal. Es la parte del peronismo que conduce Cristina Fernandez que visto el incendio minuciosamente instrumentado por el macrismo en Santa Cruz fue obligada a jugar en la Provincia de Rosas y Dorrego. Este grupo acepta el juego que le propone el oficialismo cambiemita porque tiene que resolver un entuerto pendiente. Es la ex Presidenta que no tenía reelección que ahora va por una intima revancha .
Pero ese peronismo centralista nunca fue todo el peronismo. La ventaja competitiva del peronismo está en el interior del país, como pudimos ver en las primarias de Corrientes, Chaco y La Rioja, en las que ganó dos de tres, y estuvo cerca en Corrientes.
Lo lógico sería que la fuerza que se reivindica heredera de Perón y Evita enarbole la bandera federal, y una lectura del resultado basada en bancas y provincias y no en una victoria sobre una supuesta derecha en la que los mismos partidarios de Cristina Fernández incluyen a buena parte del sindicalismo y jefes territoriales. Es lo que han entendido los gobernadores. Ayer mismo sin ir mas lejos, Martin LLaryora, el candidato del dueto cordobés Schiaretti/de la Sota, en el programa de Alejandro Fantino dió una clase magistral de federalismo. Bastan unas frases sueltas pronunciadas por LLaryora en esa entrevista para entender la dimensión del acuerdo de los gobernadores.
«Viene una época de grandes acuerdos. Por eso es importante que en el congreso luchemos por un país federal. Un país federal son más oportunidades en el interior, que evite que las personas tengan que venir a Buenos Aires. No puede ser que si naciste en la Capital Federal tenés una calidad de vida distinta a la que hay en el interior. La solución del país es Equilibrar recursos, eso es Justicia Social.»
«El gobierno nacional tiene una mirada muy de capital. Hay que poner todos los recursos sobre la mesa y ver la distribución. La Nación se queda con el 70% de los impuestos. Los subsidios al distrito más rico (la capital federal) nos quita competitividad a los cordobeses. Necesitamos reconstruir un país federal con más competitividad para el interior. Hay que tener una visión más federal, tenemos que entender que el interior necesita obras. Hay que rediscutir los recursos. La región más rica del país se queda con la mayoría de los subsidios.»
Hay dos peronismos en pugna. En la provincia bonaerense perdió uno que sostenía un modelo de país, es alli donde kirchneristas y poskirchneristas (Randazzo) plantean resolver una lucha de modelos. En el interior en cambio el problema sigue siendo político, es «federalismo vs. centralismo» y poco cambia si el Presidente es el derechudo Macri o la centro-izquierdista Cristina Fernandez. Fellner naufragó entre esos dos peronismos, fue servil al peronismo ideologizado, y su imagen de gobernador federal se desdibujó.
La puja empieza a definirse en todo el país este fin de semana. El articulo que incluimos en esta edición se refiere a un paso trascendental que ha dado Cristina Fernandez en los últimos meses y que tiene mucho que ver con esa definición, cual peronismo se impondrá?.
Hace un tiempo el neologismo Brexit (abreviatura de dos palabras en inglés, Britain (Gran Bretaña) y exit (salida) fue la mas pronunciada al referirse al referendo que ordenó la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Cristina Fernandez hizo lo propio con el Partido Justicialista y, dicen los analistas, con la tradición peronista.
Pablo Touzon en una de las paginas mas brillantes de política de nuestro pais (PANAMA REVISTA) tituló un escrito: «El Peronexit» que cubre este paso decisivo de la ex mandataria.
Leemos a Touzón:
“Yo quiero mi pedazo”. Como el Juanse paranoico, Cristina cerró este martes una etapa de su propia parábola política reclamando lo suyo, la parte del poder que es suya y de nadie mas, en un cierre natural del proceso iniciado en 2011. Podría decirse que si algo no tiene en este punto el cristinismo, como movimiento político específico, es misterio. Con la notable excepción del giro en el aire luego de la trasmutación de Bergoglio en Francisco en 2013, las decisiones de construcción política de CFK se caracterizaron siempre por su propia coherencia interna. Un plan quinquenal explícito de reemplazo del peronismo como herramienta política en todos los sentidos posibles (sea por considerarlo indeseable o innecesario, o alguna combinación de ambas) conducido por una suerte de Anti-Perón que, echando a la otra mitad de la Plaza, superaría el trauma original e inauguraría un nuevo ciclo político argentino. Unidos y Organizados constituyó el primer intento fallido de darle carnadura institucional, algún tipo de organicidad que no fuese la del poder duro del Estado, al nuevo fenómeno. Este, el que nació hoy, es el segundo.
La mayor parte del peronismo oficial de los años cristinistas osciló entre la disidencia de café (la de aquellos “machos del Off”) y la práctica del fetiche cómodo de la Unidad, que operaba como un justificador ideológico de la inactividad política. Bertolt Brechtiano, ante cada avance institucional de la odiada “progresía”, se limitaba a esperar que “no toquen a su puerta”. Scioli como el abanderado de la venganza invisible que, sola, por alguna astucia de la razón, alguna vez se concretaría. Otro sector, mucho menor en porte y geografía pero denso en términos electorales en la Provincia de Buenos Aires, enfrento y derrotó al PJ bonaerense en 2013, faena que luego concluyó con éxito y premio Cambiemos en 2015. El PJ mais grande do mundo ,“intervenido” por el kirchnerismo, sufría así como los polacos en 1939: escorado tanto por los soviéticos como por los alemanes.
Sin embargo, el massismo primigenio ( el de la “rebelión de los intendentes”) se veía en ese entonces a sí mismo casi exclusivamente como una “formación especial” en los términos del viejo General, destinada a volverse a fundirse en algún momento de su futuro con el resto del “Movimiento”. Un ruptura táctica y provisoria, funcional hasta que mutase la conducción central o, mas precisamente, hasta que se ganasen las elecciones ejecutivas: “al peronismo se lo conduce desde el Estado”, un homenaje póstumo a Nestor Kirchner. Tuvieron que intervenir la victoria de Cambiemos, la derrota a escala nacional del PJ y la resiliencia de su dirigencia kirchnerizada para que lo que fue concebido como provisorio comenzase a dotarse de elementos de una política mas permanente.
La ruptura cristinista de ayer, es, por el contrario, estratégica. El corolario de un lustro de decisiones políticas. Y una victoria estructural para el macrismo. Si la fórmula original de la Coca-Cola kirchnerista fue ese blend virtuoso entre peronismo y progresismo, la constitución de un cristinismo autónomo, a salvo de PASOS, sella su ruptura definitiva. Un destino posible para el kirchnerismo dentro del peronismo podría haber sido el de empezar a ser una parte y no el todo. Un sector permanente dentro del peronismo, su ala izquierda, aunque no ya (o sí, pero a través de los votos) su conducción. La decisión de Cristina sostiene lo inverso: “si no puedo ser el todo, me llevo la parte”, fracturando de manera (ahí sí, irreversible) la oposición al gobierno de Mauricio Macri.
El gesto de autonomía de Randazzo de alguna manera precipitó esta decisión, ya que le impidió a CFK transformar al peronismo bonarense en el kirchnerismo porteño, en donde el PJ funciona como una suerte de banco solidario de candidaturas progres, modelo de “la unidad” soñada por el cristinismo. El riesgo en este “afuera” político que corre el randazzismo es reproducir en clave de secuela el 2013 pero en 2017. La disidencia tardía que tuvo que haber sido y no fue. O inventar algo que ya existe. Cabe preguntarse si existe el lugar político y electoral para dos peronismos disidentes en la Provincia de Buenos Aires.
¿Forzará la larga crisis terminal del PJ bonarense una desconurbanizacion forzosa del peronismo? Córdoba y Pichetto en las alturas podría ser un esquema posible de emergencia, restableciendo parcialmente la Liga de Gobernadores desmantelada por Kirchner en 2003. El problema es que sin un liderazgo y una voluntad política efectivas, puede terminar siendo la mera organización de la “paritaria” de los gobernadores frente al poder central, y no un embrión de alternativa política en vistas a 2019.
En este punto, el nacimiento del Frente Ciudadanos parece darle la razón a Durán Barba. Crisis de los partidos, movimiento de opinión, territorialidad de baja intensidad y demás etcéteras que demuestran en cierto sentido el aspiracional modernizador de Cristina. Jugar con las reglas de la época, que son las reglas de Cambiemos. Inventemos un Podemos. Formato de partido-moderno-que-derrota-y-luego-conduce-a-centenario-partido. Y resume el problema central del Partido Justicialista actual: todos quieren derrotarlo, pero nadie quiere conducirlo.
Publicacion original aqui: http://panamarevista.com/el-peronexit/
