«Tupaqueros»

La historia no hablará de Haquim ni de los peronistas que integraron el «Frente Jujuy Cambia». El titulo del diario LaVoz de la mañana posterior al acto eleccionario es elocuente: Morales y el radicalismo (y por supuesto Macri y el PRO) fueron los protagonistas absolutos de la jornada.

La alta adhesión que aun mantiene la separación de las calles de la organización conocida como «la Tupac» deja al descubierto el gran secreto del triunfo «radical» de octubre, un poco de hastío por la extensa duración de la hegemonía peronista, otro poco por lo dilatado de la jefatura de Fellner y la gran porción le cabe a Sala y a la Tupac.

El joven lucido de nuestra redacción ensaya una explicación del fenómeno: el chivo expiatorio.

Los primitivos hebreos solían entregar como ofrenda el sacrificio de un macho cabrío que era despanzurrado sobre una piedra. El sumo sacerdote, al hacerlo, descargaba sobre él todas las iniquidades y culpas de los hijos del pueblo. Estas acciones sacrificatorias —como los ritos de los brahmana o del atharvaveda— supieron tener un sentido mágico en las sociedades primitivas para atenuar la furia de los dioses o alejar la venganza divina, aunque sobreviven como atavismo en la civilización contemporánea.

Sala y la Tupac políticamente fungen de corderos que se ofrendan en sacrificio para expiar los pecados del conjunto, mas allá de la responsabilidad penal que se dirime en la justicia. Es decir que el jujeño o jujeña  que por alguna razón siente algún tipo de frustración redirige la agresión/depresión que le genera encontrando en la presencia y actividad de los «tupaqueros» la raíz de todos los males.

Estos mecanismos de protección no son nuevos para la humanidad y su uso político está a la orden del día. Por caso podemos leer así los discursos de Marie LePen en Francia y Trump en U.S.A. que mediante el temor/odio al inmigrante canalizan de algún modo la desilusión de un sistema que -sienten-antes  los cobijaba y contenía.

Si hasta parece que la sociedad jujeña ha indultado a Fellner, entendiendo esta afirmación como lo explicara a este medio un conocido dirigente del futbol local «Eduardo sigue siendo culpable pero se le revoca el cumplimiento de la pena». El exgobernador no es ajeno, sabe que su ciclo culminó pero que aun puede ser un buen recuerdo entre sus compañeros, del tipo de evocaciones del pasado que no se confiesa publicamente, claro que debe mantener perfil bajo para no irritar a quienes pueden acusarlo de «tupaquerismo» y ponerlo en vidriera de nuevo y, para su disgusto, negativamente.

El 2016 fue la luna de miel de los gobiernos nacional y provincial con la opinión publica. 2017 marca el fin del año de gracia,el gobierno jujeño empezó a caminar camino ripioso.

Jaime Rosemberg, desde las paginas de La Nación, advierte que Macri ya no puede soportar mas peso extra. En una nota que titula «La detención de Milagro Sala empieza a dividir aguas en el interior del Gobierno. Funcionarios… prefieren que la justicia jujeña libere a la dirigente para que Macri deje de pagar costos políticos» deja clara la postura del poder central, toda aquella situación que provoque desgaste del gobierno nacional debe cesar, las únicas excepciones son Ciudad y Provincia de Buenos Aires donde gobiernan dos militantes PRO, Larreta y Vidal.

El gobierno provincial prefirió echar culpas a Cancilleria y montó operaciones de prensa en las que instala que «la milagrito» en libertad va a «apretar» testigos y efectores de justicia hasta quedar impune.

Milagro Sala es una necesidad de Morales y un dolor de cabeza  para la oposición peronista que empieza a reagruparse y  levantar cabeza lentamente. Morales hace rato que la eligió como enemiga y hasta ahora supo comunicarlo y conectarse con quienes ven en la dirigente una amenaza para la tranquilidad publica. Por eso la acusación de «tupaquerismo» se lanza discrecionalmente a todo lo que se muestre enfrentado al gobierno provincial.

Morales advirtió en 2015 que le conviene mas tratar a sus opositores de «tupaqueros” y no de fellneristas y a esa receta juega sus fichas en el turno electoral de este año. Aun los peronistas del pejota, adversarios enconados de Sala, serán tildados de tupaqueros. Si hasta Haquim trató así al mendocino Celso Jaque cuando este lo desalojó de la sede partidaria.

Morales está vacío de realizaciones y juega su partida montado en el potro bagual del marketing. No hay persuasión en el radical de amenaza sino simple especulación electoral. Es que entre la inacción de la administración provincial, una notoria falta de expertise gestiva de la mayoría del equipo de Gerardo Morales, las consecuencias de un alud que se vive como maldición bíblica, la venta del Ingenio La Esperanza y la desconfianza en que esta operación sea solo una devolución de favores a quienes financiaron la campaña del Frente Cambia Jujuy (FCJ) es lógico que la imagen del radical caiga en picada. La única rama de la que puede c0lgarse para no tocar el fondo del precipicio es el encarcelamiento de la «tupaquera».

Esta redacción se suma a todas las modas, aqui quedamos a la espera de las remeras con el «yo no soy tupaquero» estampado enpecho y espalda que pronto el moralismo repartirá en forma gratuita en los actos de campaña.

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