¿QUÉ ES UN CANTANTE POPULAR?

Escrito por Gerardo Fernandez y publicado en PANAMÁ REVISTA

Están los cantantes y están los grandes cantores populares. La diferencia radica en que los “cantores” tienen algunos dones que les han sido amarreteados a los otros. Hay buenos cantantes, con técnica depurada y afinación perfecta pero carecen de ese don de comunicación que es el componente central del ADN de los “cantores”.

Hay pocos cantores. Nacen muy de vez en cuando. La especie humana se toma sus tiempos para alumbrarlos: Frank Sinatra fue uno de estos casos; Edith Piaf fue otro y por supuesto nuestra Mercedes Sosa. Es que los grandes cantores populares son una exquisita minoría que vino al mundo con ese plus de comunicación, de sensibilidad que les falta a otros. Póngase usted a escuchar a un cantante sinfónico como Plácido Domingo cantando boleros o tangos: lo hace bien desde el punto de vista técnico, pero con una frialdad que congela el auditorio. Es como cuando colocamos una lamparita de luz “fría” en el cuarto y mágicamente lo transformamos en una sala de hospital. Al rato, volvemos con una “cálida” y ese cuarto retoma se apariencia habitual.

Un bolero interpretado por Domingo será un cubito en el café con leche.

Otra gran condición de los grandes cantores populares es que tienen muy pero muy claro que no pueden meterse en todos los géneros. Mercedes, por caso, no cantó boleros, incluso cantó pocos tangos porque sabía que no era su territorio y que aunque lo hiciera bien desde el punto de vista técnico, le faltaba ese “olor a pizza” que es la condición básica para interpretar la música de Buenos Aires al decir de Astor Piazzolla.

En la canción popular hay que decir, hay que contar, hay que transmitir y colorear. En eso los grandes cantores populares son tocados por la varita mágica, como le pasó a Mercedes.

Los grandes cantores populares tienen un elevado nivel de sensibilidad en sangre que les permite descubrir entre centenares de obras aquellas que su voz inmortalizará y en eso Mercedes era espectacular. Todo el mundo le arrimaba obras y ella misma buscaba aquí y allá hasta encontrar las canciones que por una cosa u otra la emocionaban y le hacían sentir que el mundo debía conocer esas historias. Sabía mejor que nadie qué canciones estaban llamadas a ser interpretadas por ella. ¿Qué sería de las canciones sin esos transmisores ultra potentes que son los artistas como Mercedes?.

Saber seleccionar el repertorio es central para un cantor popular, incluso los hay no tan buenos que tienen la virtud de seleccionar repertorios insignes y eso disimula sus flaquezas, como también hay cantantes muy buenos que les cuesta horrores seleccionar obras que de una forma u otra los distingan y singularicen. En esto, Mercedes la tenía clara como pocos.

Una vez seleccionado el repertorio el cantor popular debe someterse a una especie de transfusión de modo que la historia de cada canción circule antes por sus venas y de varias vueltas por el corazón para recién luego llegar a las cuerdas vocales. Sólo así se logrará sacar de adentro todo lo que la canción exija. La canción irá rasqueteando las entrañas del cantante, buscando las nutrientes que considere adecuadas. Irá tomando todo lo que el cuerpo pueda darle y recién cuando se sienta lo suficientemente fértil se colocará en la garganta para salir con la debida potencia expresiva de modo de garantizarse la penetración en la mayor cantidad de almas posibles y así reproducirse indefinidamente de generación en generación.

Todo esto les sucede a los cantores populares cuando las canciones comienzan a penetrarlos, y no vaya usted a creer que es fácil andar luego por la vida sabiendo que se llevan adentro decenas de obras fermentando; sabiendo que el cuerpo es al fin y al cabo una suerte de campana de cristal que está protegiendo a estos puñaditos de letras concatenadas con notas que algún día serán canciones que los pueblos entonarán aquí y allá.

La voz, la expresión y el fraseo requeridos para cantar una chacarera festiva no tiene nada que ver con las exigencias que impone una vidala, mucho menos con lo que pide una cálida tonada cuyana (nadie cantó mejor que ella las tonadas).

A menudo Mercedes lloraba después de cantar determinadas obras que la desgarraban pero igual las interpretaba porque asumía la obligación de hacerlo, sentía que su lugar en el mundo era el de comunicar historias, el de popularizar canciones que llevaran un mensaje a su pueblo y a la humanidad.

Al fin y al cabo, pocas cosas ha inventado el hombre más contundentes que las canciones. Componerlas es lo más difícil que hay en la música popular porque en un lapso generalmente no mayor de 5 minutos hay que contar una historia que tenga un sentido, un desarrollo y un desenlace pero que al mismo tiempo contenga una sucesión de notas que la hagan pegadiza como para que la gente cante aunque sea sus estribillos.

Las canciones requieren sí o sí el concurso de los cantores populares. Violeta Parra compuso, entre tantas maravillas, “Gracias a la vida” y “Volver a los 17”. Pero se me ocurre que esas canciones verdaderamente tomaron “estado público universal” cuando las cantó Mercedes. Violeta las cantó con sus entrañas, pero fue Mercedes quien vino con la franela y les sacó el brillo que las obras contenían y que quizá ni la propia autora hubiera podido hacer relucir. Es que hay autores que se las arreglan para popularizar sus obras (Serrat, por caso) pero a a otros les cuesta horrores difundir sus creaciones.

Para eso están los cantores populares, para ponerle el cuerpo a muchas obras que de lo contrario hubieran quedado en los rincones. Sin ir más lejos “Todo cambia”, ese puente conceptual de Julio Numhauser que conecta al setentismo temerario con el ochentismo más pensante ¿Hubiera sido conocida en el mundo si no hubiera pasado por la voz de Mercedes?.

Hoy cumpliría 83 años y el mejor regalo que podríamos ofrendarle sería escuchar su obra completa, fundamentalmente la primera parte, que llega hasta fines de los setenta. No quedarse de manera remolona en sus últimos años.

Tucumán: «Los Radicales no pasarán»

En 2015 en todo el país el macrismo (un partido vecinal de la capital) mas el nuevo sello regenteado por Carrió y la agónica UCR subieron al ring disfrazados de CAMBIEMOS y se afianzaron enancados en dos caballitos de batalla, el fantasma incomprobable de «la morsa» y la presunción de un fraude en los comicios tucumanos. Sobre esto último se refiere el tucumano Ricardo Tasquer en el portal ARTEPOLITICA que invitamos a visitar.

Fraude en Tucumán. Apenas tres palabras bastaron para estimular los prejuicios contra el peronismo y resultaron uno de los mejores eslóganes de campaña en 2015. Toda la por entonces oposición al Frente para la Victoria formó parte de aquel montaje. ¿Por entonces oposición? Aún son oposición al kirchnerismo, aunque sean hoy oficialismo nacional; por esto, es en las provincias de signo peronista adonde más debería penetrar el discurso de Cambiemos contra el pasado, la corrupción, etc. Por el contrario: en razón de la economía macrista, las gestiones distritales y lo sedimentado de las preferencias partidarias, será difícil que el experimento amarillo pueda conseguir resultados que impliquen un aval a su gestión nacional en las provincias gobernadas por el peronismo.

La conformación de las listas para estas elecciones legislativas, que en Tucumán reparte cuatro diputaciones, deparó escasas sorpresas. Podemos mencionar la permanencia en la lista PJ de Osvaldo Jaldo, vicegobernador y primer candidato a diputado nacional por el Frente Justicialista por Tucumán (FJT) y la disputa entre radicales, alfaristas y macristas por el orden en que secundarían a José Cano, el primer candidato de Cambiemos. Vamos por partes.

El peronismo. Muchos auguraban un pronto quiebre entre el gobernador Juan Manzur y su predecesor y tres veces gobernador, José Alperovich. No sólo no ocurrió sino que quien lidera la lista, Jaldo, es un hombre cercano a ambos pero con capacidad electoral para tener peso propio en el PJ local. Cierto es que siendo oficialismo es más simple tramitar algunas contradicciones, pero el peronismo tucumano tuvo también la capacidad suficiente para surfear la ola macrista; desde unas iniciáticas relaciones cordiales con el PEN a las actuales críticas de Manzur a la administración de Mauricio Macri. ¿Las razones de este vuelco? Los chispazos tienen explicación en la economía sturzeneggista, sin duda, y en el incumplimiento de promesas y acuerdos por parte del gobierno nacional (indisimulable durante las últimas inundaciones que sufrieron amplias zonas del sur provincial), pero también razones estratégicas: al debatir con Macri, Cano es ninguneado o puenteado, y puede leerse en este reposicionamiento de Manzur una aspiración por nacionalizar su figura, discutiendo las políticas económicas del oficialismo nacional.

Cambiemos. Tucumán tiene su historia y particularidades, como la que apunta que nunca un radical ganó la gobernación provincial. Ni siquiera en 1983; estuvieron cerca en 1987 pero Rubén Chebaia perdió en el Colegio Electoral. Otra particularidad fue Antonio Bussi, quien fuera gobernador quebrando la hegemonía bipartidista PJ-UCR, pero extrayendo parte de sus votos del caudal que antes había acompañado a los boinas blancas, fundamentalmente en Capital y Yerba Buena. El voto radical supo recuperarse con la caída del bussismo. ¿Y ahora? En las últimas elecciones, Cano perdió frente a Manzur por casi 110.000 votos. Y aún en balotaje Macri cayó frente a Scioli. En las filas de Cambiemos hay caras largas, aunque dinero para proselitismo no falta. Dicen estar arriba por un punto, cuando ello implicaría el traslado de alrededor de 50 a 70.000 votos. Parece poco probable cuando, amén del bolsillo, también fue golpeado el candidato cambiemista con denuncias de corrupción que rebotaron a nivel nacional. La gestión del inexistente Plan Belgrano fue también un ancla antes que velas al viento para José Cano y hasta periodistas del mayor diario de la provincia reconocen que las encuestas no le sonríen al candidato radical.

Desde el oficialismo provincial, en cambio, consideran la diferencia de 11 puntos porcentuales de 2015 como un piso y creen que pueden estirar la diferencia hasta 200.000 votos, casi un 20%. Hugo Haime, encuestador cercano al FJT, arriesgó los mismos 10, 11 puntos de diferencia, aunque en 2015 fue conservador al pronosticar 8 puntos —un 46 a 38, que fue luego un 51 a 39—. Es probable que las encuestadoras sobrestimen las grandes ciudades, subestimando el interior provincial. Un resultado similar al de 2015 determinaría un 2 a 2 en Diputados. Si los números fueran los que señalan desde el oficialismo provincial, sería un 3 a 1 lapidario para las aspiraciones de Cano en 2019 y una dolorosa derrota para Alfaro, el intendente capitalino ex PJ, quien ostenta el segundo lugar en la boleta de Cambiemos en nombre de su esposa y militante Beatriz Ávila. Un 3 a 1 constituiría, además, un espaldarazo importante para Manzur y su proyección más allá de la provincia.

Cuando restan días para las PASO, la encuesta inapelable que impone la ley, Cano pide un aval que difícilmente llegará para conservar expectativas a la gobernación en 2019. El peronismo, en cambio, apela a una larga tradición del país profundo: alguien que nos defienda en Buenos Aires. ¿De quién? No es una respuesta difícil. En pocos días sabremos si Tucumán es un canto al jardín de la República o, como la letra de la canción, una alegre zamba que traigo desde el norte pa’ bailar con entusiasmo propio de aquí. Ricardo Tasquer (loshuevosylasideas@gmail.com)