¿Gerardo Morales es facho?

En la redacción discutimos sobre las palabras, o mejor: del respeto que habría que tener por algunas palabras que tienen que ver con el contrato social fundante de una sociedad. Más que por otra cosa por lo que connotan esas palabras, y también por las palabras de vitupero, propias de la confrontación política, necesarias para diferenciar las ofertas de los distintos sectores y legitimas si no se despegan demasiado de la realidad.

Hace poco la periodista militante radical (¿o ya podemos decir macrista?) Alejandra Martinez (en la imagen que ilustra la nota a la derecha) alzó la voz para denunciar “fascismo” a aquello que contradice el paupérrimo relato macri-moralista jujeño y este medio decidió recoger el guante. Ya hemos publicado al respecto pero ante el silencio de la legisladora -de baja tolerancia a la frustración- repetimos la argumentación con esta nota.

La redacción unificó criterio en un solo dato: Martinez da la sensación de hablar sin saber de que o simplemente recita un libreto que le han escrito y mandado a decir.

El fascismo es un fenómeno propiamente europeo, de un contexto histórico determinado, difícilmente reproducible en cualquier caso. Se nutrió de diversos elementos que resumiremos a continuación: la construcción o manipulación de un sentimiento revanchista, producido por la intuición de una guerra perdida más en los escritorios que en los campos de batalla; la seguridad en la supremacía racial del grupo que se integra (con las criminales consecuencias que esto significó); la reivindicación de antecedentes imperialistas; una política exterior tan militarista como expansionista; una alianza con los sectores más conservadores/reaccionarios de la sociedad; una feroz represión de las partes sociales disidentes; la abolición de libertades individuales esenciales; la erección de un estado tan invasivo como incuestionable en sus injerencias; el culto al líder también desde ya.

Explicado lo anterior hay que decir que Gerardo Morales no es un fascista, como tampoco lo son ni lo fueron sus opositores.

Pese a que pueden detectarse algunos elementos que tipifican al fascismo (en general el culto al líder) de ningún modo puede acusarse de fascista a figura o sector político alguno gobernante en nuestro país desde el retorno de la democracia (pese a que en su intimidad algunos dirigentes, verdaderamente excepcionales dentro de los que accedieron a algún lugar medianamente relevante de poder, pueden comulgar con buena parte de su doctrina, pero no lograron proyectar sus nefastas posibilidades).

Cuando la diputada nacional Alejandra Martínez acusa de fascista a la dirigencia opositora no advierte en su extraordinaria ignorancia la imposibilidad de una verdadera alternancia en el poder cuando existe un régimen totalitario. Es decir, si hay un gobierno radical en la provincia de Jujuy es porque antes hubo uno peronista que aceptó un desenvolvimiento de fuerzas contradictorias e incluso su triunfo electoral. No es intención de esta nota erigir como héroes a los dirigentes que gobernaron antes que Gerardo Morales, simplemente indicar que cumplieron con lo que cabe esperar en un estado democrático y republicano.

Sorprende, eso sí, que la diputada Martínez describa como “síntoma de intolerancia” la obstaculización al trabajo de organismos judiciales independientes. No rechazaremos esta aseveración de la diputada, más bien simpatizamos con el concepto, pero sucede que es el gobierno que ella defiende el que se niega a cumplir con lo dictaminado por foros internacionales independientes a cuya jurisdicción nuestro país está obligado, so pena de incurrir en responsabilidad internacional. Es tragicómico, y la diputada no lo advierte, que se rechace la actuación de foros de justicia que fueron creados, justamente, como consecuencia de las criminalidades realizadas por los fascismos de mediados del siglo pasado, y de la conciencia internacional a que sus aberraciones dieron lugar.

Como señalamos antes la existencia de algún dato tipificante del fascismo es condición necesaria pero no suficiente para imputar a un gobierno como tal, pero no es para nada tranquilizador descubrir que en la provincia de Jujuy existen voceros que rechazan la jurisdicción de los foros internacionales con una energía similar a la que puede encontrarse en Nicolás Maduro o en el presidente de Sudán, Omar al Bachir.

Tampoco ayuda a la salud republicana jujeña el hecho de que el vicegobernador del partido oficialista pretenda detentar la presidencia del principal partido de oposición, lo que se asemeja aún más a los sistemas de partido único vigentes en los fascismos que tanto inquietan a la diputada Martínez. Por cierto, la intolerancia proscriptora del vicegobernador del gobierno radical quedó patente al decidir la desvinculación “de facto” de Alberto Fernández por la visita que realizara a Milagro Sala.

Gerardo Morales no es un fascista, pese a lo detallado en los párrafos anteriores, pero considera que su principal fuente de legitimación es tener a Sala presa. Para el gobernador jujeño, la privación de la libertad de Sala es una parte fundamental del contrato electoral con buena parte de sus votantes. Si Sala es culpable o inocente lo determinará la justicia y la historia la hará ocupar el lugar que se merezca pero eso lleva tiempo, de quedar ella libre ahora no tendrá otro recurso para legitimarse que gobernar bien. Sobra decir que Morales no está dispuesto a asumir el riesgo de evidenciar que no está a la altura de este último requerimiento.

Macri/Morales resultó un dueto efectivo en 2015. Massa, el otro aportante a la victoria de Morales/Haquim, está concentrado en la elección de la la Provincia de Buenos Aires que le impone incomodas necesidades. Una de ellas es diferenciarse de Macri  y para ello debe deshacer los pactos que lo une a CAMBIEMOS en las provincias, ya se vió en San Juan (leer el articulo de Diario de Cuyo) y pronto quedará evidenciado en Jujuy.

La situación no es la misma que en 2015. Las encuestas de opinión dan fe que Macri ha caído en la consideración popular de manera significativa, en el llamado conurbano bonaerense los intendentes suspenden inauguraciones de obra para no tener que padecer las protestas que ya no pueden ser tildadas de «políticas» sino mas bien sociales cuando concurre el Presidente. La imagen positiva de Morales en los sondeos ha caído bastante aunque no tanto como Macri.  El equipo de gobierno de Morales está convencido en que la suerte electoral de Morales en el turno 2017 depende de dar la impresión de manejo de la justicia para mantener a Sala presa (¿dar la impresión?) y de quedar en el escenario como un ejecutivo fuerte para ello necesitan borrar del mapa a la oposición y a ese plan se ajusta.

La oposición es elemento esencial en una democracia, la define. Tan natural como respirar es oponerse en democracia y sobre todo si se piensa distinto. El hecho de confirmar que hay una “opo” debería ser motivo de celebración en los demócratas sinceros y leales y no de condena.

«Sin oposición no hay democracia», asi lo expresaron en su momento Guillermo Snopek y Javier Hinojo, entre otros, pero quien lo significo mas felizmente, porque habla de una oposición con historia, con sujeto social, con vocación de ser alternativa de poder y con proyecto para el futuro, fue Hector Tentor (en la imagen que ilustra la nota a la izquierda):

“es el momento de recuperar el optimismo. El Movimiento Nacional y el Partido Justicialista, siempre serán herramientas idóneas para defender los intereses de los trabajadores y de los humildes. En Jujuy, todo lo que hay es obra del peronismo. En el futuro, debe seguir siendo así. Tenemos muchas razones para dejar atrás tiempos oscuros y brindarle a Jujuy lo que realmente espera de nosotros» (H. Tentor).

El frente que conduce Gerardo Morales y que sujeta a sectores de procedencia peronista como el de Carlos Haquim padece de hedonismo a corto plazo, por esa razón se enfadan fácilmente cuando enfrentan al primer contratiempo y les molesta la demora en la satisfacción de sus deseos imaginarios.

“¡Es la oposición, estúpido/a!», tan simple, tan natural como esta exclamación.

Un comentario en “¿Gerardo Morales es facho?

  1. Se mezclan cosas. Los radicales ignoran que los votos obtenidos no son propios, son producto del rechazo de la sociedad a milagro sala. Por otro lado si resultan ser totalitarios en el modo de gobernar por carecer de un plan y no atender las circunstancias. Pero que el sr? Tentor hable de recuperar el optimismo, el partido y el movimiento ya es demasiado. El ocupa la banca como resultado de pertenecer a la etapa oscura, fue el premio que le dio el gobierno anterior. Mejor que smire a su alrededor y sonria como los hinojos y snopeck, ya que son parte del mismo saco. Seguimos rodeados de gente que vive de la politica y no para la politica.

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